El Cuaderno Azul, escribir como un juego
- Manuela Sarco

- 2 jul 2023
- 3 min de lectura
Luciano Casamayor y Fernanda Sabbatini fueron los encargados de contarnos acerca de la metodología e ideales que caracterizan al "Cuaderno Azul".

En Avenida Santa Fé al 2700 se encuentra una enorme puerta azul. La mayoría de los que pasan no le prestan atención, hasta que levantan la vista y se topan con un cartel: Galería Patio del Liceo.
Los que se animan a entrar se ven rodeados de colores, plantas y locales bohemios. Sin embargo, a tan solo unos metros de la entrada, escondido como si fuera un sótano, se puede observar que hay un rincón, en donde se halla un grupo de personas. En este lugar no se puede pasar a interrumpirlos, pero desde una pequeña ventana se visualiza que no paran de escribir.

La idea de El Cuaderno Azul surgió en el living de Juan Sklar en 2013, se presenta como una escuela de escritura atípica que activa la creatividad literaria con juegos, consignas, improvisaciones y viajes introspectivos. En estos talleres tanto presenciales como virtuales, pueden participar personas que tienen experiencia y también aquellos que nunca han escrito nada. En otras palabras, es un lugar donde “nunca no escribís”.
Con casi diez años de trayectoria, muchos de los textos que salieron de ahí han sido publicados en medios, editoriales y en concursos. Además de su escuela, El Cuaderno Azul ofrece seminarios de escritura temáticos, talleres de poesía, eventos recreativos, lecturas performáticas y otras actividades relacionadas a las letras, las artes y la cultura.
La creatividad no es una caja negra
Casa Literaria tuvo la oportunidad de conversar con dos figuras de El Cuaderno Azul. Una de ellas es Luciano Casamajor, ex alumno y actual director pedagógico de los talleres, quien nos contó sobre la propuesta de enseñanza y la metodología que llevan a cabo.
Casamajor explicó que el proyecto surgió con unas ideas bastante claras: “notamos que los talleres de escritura tradicionales son, en realidad, un taller de corrección. Encuentros en los que hay un problema con la creatividad, porque no indagan sobre cómo surgen las historias, cómo superar el bloqueo o la hoja en blanco. Y eso es algo en lo que trabajamos, sin tampoco olvidarnos de lo otro. Porque obviamente nosotros queremos que la gente se divierta, escriba y se quede a lo largo de los años a trabajar en sus textos”.
“La idea de nuestro taller es invitar a jugar, a escribir lo primero que se te ocurra. Te vamos a dar estos estímulos, estas consignas, pero vos seguí con lo que resuene en vos, incluso si es el rechazo”.

Algo que señaló Luciano es que identifican y operan tres grandes barreras para la escritura con las cuales la gente se enfrenta: calidad, pudor y moral.
“La primera tiene que ver con que los alumnos se preocupan demasiado en que lo que están escribiendo tiene que estar buenísimo, cuando no es así. El pudor se relaciona con que uno siente que está exponiendo algo que no le avergüenza. Y la última se trata de pensar que lo que estoy desarrollando no es correcto”.
Como respuesta, el equipo de Juan Sklar apunta a que todo es ficción, es decir, lo que sea que estés produciendo no dice nada de vos ni sos vos. La clave está en no visualizar la creatividad como una caja negra.
Por otra parte, El Cuaderno Azul tiene a su cargo una librería, donde venden una curaduría específica de libros que se relacionan con las temáticas que escriben sus integrantes. Asimismo, poseen una pequeña editorial que se dedica a reeditar textos que cuando salieron pasaron desapercibidos. “La idea es volver a circular y hacerle llegar a las personas esos libros potentes que, por alguna razón, quedaron un poco en el olvido”.

De aprender a enseñar a escribir
Fernanda Sabbatini comenzó siendo alumna en el 2018, la experiencia la convocó tanto que hoy en día es parte del cuerpo docente de talleres asincrónicos. Ganó el primer premio del 40º Certamen Nacional de Cuento de General Cabrera, con un escrito que salió de los encuentros de El Cuaderno Azul.
“Cuando me metí me pareció espectacular porque vos escribís ahí. Pienso que es justo el taller para las personas que no encuentran el espacio para ponerse a escribir, que era lo que me pasaba a mí antes. Y es imposible que no escribas porque los ejercicios son un bombardeo de estímulos, y siempre algo te prende, o el docente te va guiando”.
Sabbatini confesó que le interesa muchísimo los grupos que se forman, e incluso afirmó que han salido grandes amistades de los talleres. “Se empiezan a armar estos círculos de confianza al compartir los textos al resto. Hay que tener en cuenta que es el primer testeo de lo que, el día de mañana, podrías llegar a publicar. De esta manera, la escritura deja de ser un proceso individual, se transforma en algo colectivo”.
Por Manuela Sarco




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